UGT exige que se vuelva a retomar el servicio de desinfección con ozono de los vehículos de la Policía Local de Barakaldo.

UGT exige que se vuelva a retomar el servicio de desinfección con ozono de los vehículos de la Policía Local de Barakaldo.

                                        OZO NO    SI

 

El Equipo de Salud laboral de la FeSP/ UGT Euskadi, exige al Ayuntamiento de Barakaldo, que se vuelva a retomar el servicio de desinfección con ozono de los vehículos de la Policía Local.

LA LEY DE PREVENCIÓN DE RIESGOS LABORALES

El art 14 de la LPRL, establece el deber empresarial de dar protección eficaz al trabajador para garantizar la seguridad y salud en todos los aspectos relacionados con el trabajo. A estos efectos el empresario realizará la prevención de los riesgos laborales mediante la integración de la actividad preventiva en la empresa y adopción de cuantas medidas sean necesarias para la protección de la seguridad y salud de los trabajadores

Por lo que el  empresario estaría obligado a adoptar cuantas medidas sean necesarias, estén o no contempladas en una norma concreta. El legislador lo estructura como una obligación incondicionada e ilimitada.

El deber de protección del empresario se transforma en una obligación de medios, no de resultado, al ser una obligación de medios y no de resultado, se puede incumplir la conducta diligente del empresario, cuando este no  haya habilitado los medios de protección necesarios y se crea un peligro para la seguridad y salud de los trabajadores, aun cuando no haya un resultado lesivo concreto, esto es, aun cuando no se haya producido un accidente o enfermedad. Existiendo incluso, en tal supuesto, como se sabe, de ser el incumplimiento lo suficientemente grave y culpable, un delito por riesgo para la salud y seguridad de los trabajadores, aun cuando estos no hayan sufrido una lesión en su integridad física

A estos efectos, cabe recordar ahora que la propia Ley distingue entre riesgos que se pueden evitar y riesgos inevitables (art. 15). En cuanto a los primeros únicamente cabe la detección y eliminación en origen o en raíz del riesgo laboral presente en el puesto de trabajo. La viabilidad de los medios para evitar los riesgos laborales se debe medir siempre desde la perspectiva del estado de la tecnología. Esto es la adopción de las medidas más seguras desde el punto de vista técnico en cada momento.

En cuanto a los segundos, los riesgos inevitables. El empresario debe entrar a evaluarlos y en función de los resultados planificar las actuaciones preventivas correspondientes que garanticen el mayor nivel de protección posible. De tal forma que no existan alternativas más seguras.

De este modo, lo que busca la Ley es un comportamiento diligente por parte del empresario que, en primer lugar, debe suprimir todos los riesgos que sean susceptibles de eliminación y, en segundo lugar, debe emplear todos los medios existentes según el estado actual de la tecnología para mitigar los riesgos que no se hayan podido eliminar

El ozono como desinfectante

Hasta ahora la mayoría de las soluciones que conocemos frente al coronavirus son defensivas: aislarnos, no exponer las mucosas ni la piel, buscar una vacuna que nos impida contagiarnos o un medicamento eficaz una vez enfermos. La única opción ofensiva, es decir, aquella que intenta acabar activamente con el coronavirus antes del contagio, que maneja el ser humano frente al Covid-19 es la de desinfectar a base de cloro.

El ozono, formado por tres átomos de oxígeno, es uno de los más potentes oxidantes que se conocen, por lo que es capaz de eliminar, no solo virus, sino también un amplísimo rango de otros microorganismos contaminantes presentes en el aire, sin olvidar el problema menor que representa la aparición de olores desagradables.

Se puede decir que el ozono no tiene límites en el número y especies de microorganismos que puede eliminar, dado que actúa sobre estos a varios niveles.

La oxidación directa de la pared celular constituye su principal modo de acción. Esta oxidación provoca la rotura de dicha pared, propiciando así que los constituyentes celulares salgan al exterior de la célula. Asimismo, la producción de radicales hidroxilo como consecuencia de la desintegración del ozono en el agua, provoca un efecto similar al expuesto.

Los daños producidos sobre los microorganismos no se limitan a la oxidación de su pared: el ozono también causa daños a los constituyentes de los ácidos nucleicos (ADN y ARN), provocando la ruptura de enlaces carbono-nitrógeno, lo que da lugar a una despolimerización, de especial interés en el caso de desactivación de todo tipo de virus. Los microorganismos, por tanto, no son capaces de desarrollar inmunidad al ozono como hacen frente a otros compuestos.

El ozono es eficaz, pues, en la eliminación de bacterias, virus, protozoos, nematodos, hongos, agregados celulares, esporas y quistes. Por otra parte, actúa a menor concentración y con menor tiempo de contacto que otros desinfectantes.

De hecho, según la OMS, el ozono es el desinfectante más eficiente para todo tipo de microorganismos. La OMS  detalla que, con concentraciones de ozono de 0,1-0,2 mg/L.min, se consigue una inactivación del 99% de rotavirus y poliovirus, entre otros patógenos estudiados, pertenecientes al mismo Grupo IV de los Coronavirus.

El ozono es incuestionablemente útil para eliminar, entre otros muchos, incluso el virus del Ébola en aire. Está demostrado que el ozono es al menos diez veces más potente que el cloro como desinfectante. Como ya hemos señalado, y según la OMS, el ozono es el desinfectante más eficiente para todo tipo de microorganismos. Por lo tanto, el empleo de ozono, tanto en agua como en aire, para la desinfección de aire y superficies resulta mucho más recomendable que el uso de otros desinfectantes, aparte de por su eficacia, por su rápida descomposición, que no deja residuales peligrosos.

El ozono como viricida

Según el Centro de Control y Prevención de Enfermedades (CDC), “Los virus encapsulados son susceptibles a una amplia gama de desinfectantes hospitalarios utilizados para la desinfección de superficies duras no porosas. En contraste, los virus desnudos son más resistentes a los desinfectantes.”

La Agencia de Protección Ambiental (EPA) de Estados Unidos tiene un listado de los desinfectantes que especifican en su etiqueta su eficacia contra virus desnudos (por ejemplo, norovirus, rotavirus, adenovirus, virus de la poliomielitis), y que tienen un amplio espectro antiviral, ya que son capaces de inactivar tanto virus envueltos como desnudos.

Debido a su naturaleza, el ozono, al no poder ser envasado y comercializado, no está incluido en dicha lista ni podrá estarlo, a pesar de que su capacidad viricida está de sobra probada siendo, como se ha señalado, muy superior a la del cloro, el desinfectante más utilizado. De hecho, el ozono es utilizado como biocida hace décadas, como así lo demuestran las fechas de los numerosos estudios existentes al respecto.

En la Unión Europea, con la entrada en vigor del Reglamento para Productos Biocidas (BPR, por sus siglas en inglés), se está incluyendo el ozono como biocida para distintos usos, entre otros para la desinfección de superficies en contacto con productos alimenticios.

Asimismo, es de remarcar el efecto que estas concentraciones de ozono en aire tienen en los virus desnudos que, como ya se ha indicado, al carecer de envoltura lipídica, suelen ser más resistentes a los desinfectantes. Recordemos que el coronavirus de Wuhan es un virus envuelto y, por tanto, de los menos resistentes.

La mayor concentración de ozono necesaria para la inactivación de los virus MS2 y T7 se explica por la mayor complejidad de su envoltura lipídica (180 y 415 moléculas en la cápside respectivamente, frente a las 60 y 120 de los phi X174 y phi 6).

El ozono es un gas que se disgrega al poco tiempo de ser producido y no se puede envasar ni comercializar. Además, no aparece en las listas de productos desinfectantes del Ministerio de Sanidad, ni tampoco de los más importantes organismos encargados de proteger la salud a nivel internacional, como la Agencia de Protección Ambiental estadounidense (EPA).

Esa falta de convalidación oficial, ese problema burocrático, es el que hasta ahora le ha perjudicado -perjudicándonos a todos- a la hora de ser contemplado como un arma eficaz en la lucha contra las epidemias. "Su uso no es ni legal ni tampoco ilegal, es alegal y esa situación de alegalidad, es la que impide que las administraciones, organismos oficiales se decanten por su uso. Todo a pesar de su reconocida eficacia en el ámbito sanitario y de los numerosos estudios científicos que lo acreditan y de que la  Agencia Química Europa ya ha comentado que es uno de los biocidas -elementos que matan la vida- más efectivos.

 

 

 

 

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